El Obispo de Málaga, Mons. Jesús Catalá, ha presidido la rueda de prensa de presentación de la Memoria 2020 de Proyecto Hombre. Celebrada en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga, han asistido el alcalde de la ciudad, Francisco de la Torre, junto a otras autoridades y miembros de la Fundación CESMA, Juan Serrano Silva (Vicepresidente), que sostiene esta iniciativa de lucha contra las adicciones en Málaga. También asistió la Directora del Programa Proyecto Hombre en Málaga, Belén Pardo.

A raíz de los datos recogidos en la memoria 2020, Mons. Catalá ha explicado «que está aumentando el consumo de drogas en general y que los consumidores son cada vez más jóvenes; pero la sociedad da menos importancia a este tipo de consumo y prácticamente lo ha normalizado; la droga ya no es un problema, ni una lacra social, como hace 30 o 40 años. Esto es peligroso, porque el problema sigue y aumenta. Hay menos conciencia de la gravedad del problema. Hoy existen otras preocupaciones de tipo ideológico o por las modas de turno; pero en la sociedad este tema apenas aparece».

Para el obispo de Málaga, «el problema central no es tan siquiera el hecho de consumir drogas, sino la desestructuración de la persona que llega a sufrir dependencia, según nos explican varios estudios psicológicos. Los mismos que viven esta dura experiencia dicen que “han tocado fondo”. El problema es la persona y Proyecto Hombre lo que trabaja es la reestructuración de esa persona, su regeneración»

Mons. Catalá, pide más políticas familiares de apoyo a la familia para prevenir las adicciones.

El también presidente de la Fundación Cesma-Proyecto Hombre, ha incidido en la importancia de la prevención, y ha recordado que los actores de esta labor están fundamentalmente en el entorno más cercano: la familia, la escuela, también el barrio. Pero eso no es suficiente. Se precisa la ayuda de toda la sociedad, para transformar la cultura, la política, los valores…». Y ha reclamado mayor apoyo social a la familia: «bastantes jóvenes consumidores pertenecen a familias desestructuradas. Si las políticas sociales no ayudan a la familia y la sostienen,  los hijos seguirán sufriendo las consecuencias. Esto es tan lógico que resulta extraño que los responsables de la sociedad no lo vean».