Jornada navideña Programa Alaia

Usuarias de Alaia junto al Director del Programa, Francisco Aranda.

Hoy, primer jueves de octubre de 2020, es el día Europeo de la Depresión: un trastorno mental que afecta, según la Organización Mundial de la Salud, a más de 300 millones de personas en todo el mundo.

Iván Eguzquiza, psicólogo y vocal del Colegio Oficial de Psicólogos de Castilla-La Mancha, explica cuál es la situación de esta enfermedad en España y sus principales características: “una de cada veinte personas en España sufre una depresión y es el cuarto país europeo con mayor índice de esta enfermedad”.

Las causas de este trastorno son múltiples: puede darse por factores médicos o neurológicos, crisis vitales, dificultades de adaptación a los cambios en edades críticas, por mecanismos de afrontamiento que determinadas personas no han aprendido en la infancia, etc.

Ante la demanda de ayuda por parte de personas con depresión crónica o de larga duración comenzamos a perfilar posibles intervenciones desde nuestra metodología de trabajo, dentro de la cobertura legal que debía tener una intervención sanitaria de acuerdo a la normativa para centros sanitarios de la Junta de Andalucía.
Nace entonces el Programa Alaia (“Alegre” en euskera), que va dirigido a mejorar la calidad de vida y superar la depresión (Trastorno Depresivo Persistente, DSM-V). Abrimos el primer grupo en septiembre de 2018 y, hasta la fecha, hemos tenido numerosas finaliaciones del proceso con éxito.
El equipo Alaia de Proyecto Hombre Málaga está formado por un equipo multidisciplinar. La dirección es llevada por Francisco Aranda Martín, Psicólogo General Sanitario; Gema Cejudo Mora, Licenciada en Psicología, se encarga de la Intervención Educativa; por último, Esther Romero Muñoz, Doctora en Medicina Familiar y Preventiva, se encarga de la Intervención Médica.

El tratamiento consiste en sesiones psicoeducativas y terapéuticas grupales en las que se dota de habilidades y estrategias adecuadas para afrontar las distintas variables que inciden en el trastorno depresivo y que, según la literatura científica, tienen evidencia en su eficacia sobre la depresión y síntomas asociados dentro de la Terapia Cognitivo Conductual y Terapias de 3ª Generación.
Destacamos la riqueza del trabajo en grupo ya que se crea y potencia un clima de ayuda mutua que observamos muy positivo y que, de forma general, aumenta la adherencia al tratamiento debido a los fenómenos afectivos que se derivan de la cohesión grupal.
Se trata de sesiones semanales de 2 horas de duración y que se complementan con sesiones individuales donde se adapta de forma eficiente el tratamiento a la persona en base al análisis funcional de las respuestas y consecuencias propias del trastorno, atendiendo a lo más relevante en su momento y en la realidad concreta de la persona.

Desde el Consejo General de la Psicología de España se muestra como, recientemente, en el marco de un congreso nacional sobre ansiedad y trastornos comórbidos, profesionales de la medicina han reconocido que los tratamientos farmacológicos actuales resultan insatisfactorios en estos casos, ya que sólo son efectivos en la mitad de los pacientes y su administración no elimina cierta patología residual que se mantiene en el tiempo. En cambio, sí existe una enorme evidencia científica en los últimos años que revela que la terapia cognitivo-conductual (TCC) ha mostrado ser una alternativa más eficaz y económica que los fármacos para el tratamiento de la ansiedad y de la depresión, ya que la medicación no soluciona el trastorno sino que lo cronifica, perpetuando en gran medida los problemas; mientras que la psicoterapia es un proceso que, a largo plazo, con una mayor probabilidad logra conseguir el equilibrio emocional de la persona sin suponer riesgo para la salud o efectos secundarios adversos como si los presentan los fármacos. (Infocop Online, 2011).
Es decir, junto a la reducción de los síntomas de ansiedad y depresión, la TCC mantiene los cambios terapéuticos a largo plazo, las personas presentan una mayor adherencia al tratamiento y una disminución del riesgo de recaídas con una elevada tasa de recuperación, evitando así la cronificación del trastorno y disminuyendo el número de visitas al médico y hospitalizaciones.