AUTOEVALUACIÓN

Si bien dijimos que el proceso de búsqueda de empleo exige una planificación y organización para que esta sea eficaz, de nada serviría si posteriormente no se hace una autoevaluación del proceso, de tu comportamiento y  de los resultados obtenidos ya sean positivos o negativos.

Has de reflexionar sobre el resultado obtenido y el comportamiento adoptado de búsqueda. Si has encontrado el trabajo que querías piensa si es por la actitud que has tomado ante la búsqueda, si tu perfil se adecúa al puesto y el grado de tus conocimientos es el idóneo. Analiza las competencias que el trabajo requiere y las que tú posees si están en concordancia o tienes que potenciar o desarrollar alguna de ellas.
Si por el contrario, el resultado ha sido negativo es cuando tienes que hacer un proceso de autoreflexión desde el día que comenzaste la búsqueda hasta el día de hoy.
Por un lado analiza si es porque no cumples con el perfil (curricular)  que las empresas a las que has acudido requieren, incluye en tu análisis: edad preferible, sexo, exigencias físicas, titulación requerida, experiencia profesional, flexibilidad horaria, disponibilidad geográfica,… Como ves, son aspectos objetivos, ya que si se requiere una determinada edad y tú no la tienes es difícil que obtengas el puesto no por tu actitud de búsqueda sino por estos criterios, igual ocurre con la titulación o con la disponibilidad, por ejemplo.
Por otro piensa si es porque no cumples con el perfil (competencial) que las empresas a las que has enviado tu curriculum necesitan. Si has realizado entrevistas y no has sido seleccionado normalmente te darán algún tipo de explicación al respecto, normalmente te dirán que es porque no posees las competencias que el puesto requiere; aquí debes informarte acerca de las competencias requeridas y haz un autoanálisis de tus debilidades, amenazas y obsérvate a ti mismo o pide ayuda a tus conocidos para comprobar que realmente no posees ciertas habilidades o por el contrario no has sabido demostrarlas en la entrevista por tus nervios o tu timidez. Piensa que el hecho de que no tengas experiencia no quiere decir que no hayas adquirido a lo largo de tu vida una serie de competencias, haz memoria y recuerda situaciones que hayas vivido donde has desarrollado habilidades y comportamientos, por ejemplo los trabajos en equipo de la facultad, las exposiciones en clase, el cuidado de niños pequeño, la relación con tus amigos y familiares, etc.
Puede que lo que haya ocurrido no es que no cumples los requisitos exigidos por las empresas sino que el esfuerzo empleado en la búsqueda no es el adecuado, repasa tu agenda para comprobar que la has cumplido, plantéate como has vivido la búsqueda y que actitud has tomado frente a ella.
Analiza tu nivel de exigencias, las expectativas laborales que tienes y si has hecho un análisis del mercado de trabajo previamente o si directamente has ido con tu curriculum a empresas sin pararte a pensar nada más. Para que exista un “equilibrio” debes de saber las condiciones que se ofertan en el mercado y ver si tus “exigencias” concuerdan con lo que se ofrece.
Reflexiona, afirma o renueva tus metas profesionales, vuelve a preguntarte lo que quieres conseguir, cuales son tus objetivos a corto, medio y largo plazo, que conocimientos tienes de las empresas en tu ámbito más cercano, etc.
Haciendo estos probablemente obtengas respuesta de porque no has sido seleccionado en ninguna empresa, si no es así quizás debes plantearte la búsqueda de otra forma o pedir ayuda a un profesional para que te oriente laboralmente.